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czwartek, 30 grudnia 2010

FIN MISERABLE DE UN AVARO - MISERABLE END OF A MISER

El hombre poderoso, en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil, en el servicio; el que busca el placer, en los placeres.
(Hermann Hesse, El lobo estepario)

Había un cierto avaro que tan solo pensaba y soñaba en cómo multiplicar su fortuna. Tenía horror de que alguien le robara su tesoro ya acumulado. Pues cavó debajo de su casa una cueva profunda, proveyéndola de una puerta de hierro. La cerradura era muy especial e ingeniosa, hecha de tal manera que si alguien entraba adentro, la puerta se cerraraba por sí misma. Además, todo estaba hecho muy astutamente, que desde afuera no se podía ver la entrada ni nada, ni siquiera la familia se daba cuenta. Así que allí escondía el avaricioso todo el dinero adquirido, las joyas y los demás tesoros. Allí pasaba horas enteras mirando y remirando las monedas de oro y otras alhajas, besándolas y llorando de regocijo…
A man, who, in early life, had been liberal and generous, at a later period, received a great increase of fortune, became passionately fond of money, and thought of nothing else than to increase his wealth. Tormented with the fear of being robbed of his treasure, he had a vault, with an invisible iron door, made in his cellar. There he secretly deposited his hoards of gold and silver, and thither he frequently retired, to view those riches on which his heart was fixed.
Una vez, en que entró en su cueva con una suma considerable, se olvidó llevar consigo la llave, dejándola en la cerradura por afuera. Cuando había deleitado ya la vista con sus tesoros, quería salir, pero no podía abrir la puerta - ¡se vio perdido! ¡Qué situación tan terrible habrá sido ésa! A los familiares les parecía como si alguien gritara y golpeara, pero ni se imaginaron que alguno podría estar bajo el suelo…
On a certain day, when entering this gloomy retreat, he forgot to draw the key out of the lock and take it with him. When he had sufficiently indulged in the contemplation of his wealth, he prepared to return; but the door was locked, and he found himself imprisoned within the vault. Imagine his despair in this moment of horror. In vain did he try to force the door; in vain did he endeavor to make his cries be heard. No one could hear his voice; no one was acquainted with his secret.
Cuando pasaron algunos días y el codicioso no aparecía, la familia comenzó a inquietarse sobremanera. Le buscaban en todas partes, preguntaban por él - todo en vano. Se hacían conjeturas sobre qué le habría ocurrido - ¿lo habrían matado los ladrones, o habría sufrido alguna otra desgracia?
His family, not knowing what had become of him, were extremely uneasy. They sought him in every part of the town and neighborhood, but in vain; and, at length, concluded that he had come to some untimely end.
Entonces el cerrajero recordó que hacía algunos años el avaro le había mandado hacer una puerta de hierro con cerradura especial. ¡Por lo tanto podía ser posible que se hubiera quedado encerrado por casualidad! Indicó el lugar donde había instalado esa puerta.
Several weeks after, a lock-smith, who then resided in a distant town, hearing of the event, recollected that this person had formerly given him a secret order to make an iron door, with a spring lock; and it occurred to him, that the unhappy man might possibly have shut himself within, and so perished. He mentioned the circumstance to the family, and conducted them to the spot where the secret door was placed.
La hallaron y abrieron. Entraron. Encontraron el cadáver del desaparecido, medio descompuesto ya y lleno de gusanos. También descubrieron ahí grandes cantidades de dinero, la causa verdadera de la miserable muerte del avaro - ahí la encontró ése, junto a su bienamado becerro de oro que adoraba tanto.
They opened it and, to their utter astonishment, beheld the body of the wretched man, half devoured by worms! The whole mystery of his avarice was at once unfolded. They searched, and found immense riches within the vault; "treasures of wrath," in the sight of the Almighty, which the unhappy miser had heaped together, for his own condemnation.
Fuente: Św. Jan Chrzciciel de la Salle, 
Obowiązki chrześcijanina względem Boga,
Tarnów 1881, pgs. 223-224.
St. John Baptist de la Salle, A New Treatise on the Duties of a Christian Towards God,Montreal 1869, pgs. 213-214.

El Bosco,
La muerte de un avaro

wtorek, 21 grudnia 2010

UTILIDAD DE LA DEVOCIÓN (UNA HISTORIA VERDADERA)

Eran tiempos de la primera guerra mundial. La cosa tuvo lugar en el frente francés. Fue un hermoso día de mayo. Un soldado alemán se adelantó demasiado, abandonando el resguardo de sus tropas. Cargado de escudillas y cantimploras resonando, se acercó a un arroyuelo para sacar agua. Desgraciadamente, no estaba solo ahí – en el bosquecillo cercano le acechaban unos soldados franceses agazapados. El alemán cargó agua en los recipientes, apagó la sed, luego se lavaba en el agua cristalina tranquilamente.

Los aguerridos soldados franceses todo el tiempo le apuntaban con sus rifles a su despreocupado enemigo. Según su parecer, la proximidad al frente generaba una situación tan tensa y peligrosa que no había tiempo para tomar prisioneros de guerra. Vacilaban todavía en disparar una salva mortífera, ya que era posible que en pos de uno merodearan en acecho otros enemigos…

Mientras tanto, ocurrió una cosa curiosa. Cerca del riachuelo, medio escondida en el follaje, se encontraba una estatua de la Virgen. Tal vez el soldado alemán se acordara de otros tiempos mejores cuando, paz en la tierra, asistía a las FLORES DE MAYO, el culto especial que se tributa a la Virgen todos los días de este mes, porque recogió algunas ramitas florecientes y adornó con ellas la imagen de la Madre de Cristo. Luego se arrodilló, juntó las manos humildemente y le suplicaba algo a nuestra Señora, quizá para que le ayudara a sobrevivir esa terrible guerra. Después se levantó y comenzó a marcharse. Durante todo este tiempo, los soldados franceses lo tenían en la mira, pero algo no les permitía apretar el gatillo. ¿Quizá ellos también se acordaran de otros tiempos donde asistían a las Flores de Mayo? El alemán se fue tranquilamente, ¡sin sospechar que había escapado a la muerte!

Entonces los franceses, transcurrido algún tiempo, vencidos por la curiosidad, salieron de su escondrijo y se acercaron a la estatua, engalanada de ramitas floridas. Ahí permanecían callados y meditabundos. ¿Quizás asimismo recordaran algo o rezaran? ¿Quizás también le pidieran auxilio a Ella, encomendándose bajo su amparo?

En aquel mismo instante se desencadenó pandemonio – sobre el bosquecillo del que apenas habían salido, cayeron granadas, volándolo todo. Habrían muerto los franceses reflexivos, hechos pedazos, si se hubiesen encontrado allá todavía. 

Fuente: A. M. Weigl, Seine Mutter, meine Mutter, 
Verlag St. Grignionhaus, Altötting 1969, s. 62-68 (Adaptación).

poniedziałek, 20 grudnia 2010

SITUACIÓN SIN SALIDA

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.
Khalil Gibran

Habíase una vez un hombre justo que confiaba profundamente en la Divina Providencia. Habíase también en ese mismo pueblo un hombre malvado que se burlaba de Dios y de la sacrosanta fe católica, odiando a su paisano piadoso. Ese malvado incrédulo cometió un asesinato pero lo hizo de tal manera que las sospechas cayeran sobre el justo. Pues, al justo le entregaron a los tribunales. Los jueces eran sobornados, ya que el malvado asesino era rico, mientras el bueno pobre. La causa se prolongaba ya que las pruebas no eran irrefutables. Por fin, uno de los jueces, sonriendo maliciosamente, le dijo al injustamente acusado:

- Todos sabemos que tú eres un hombre justo que confía mucho en Dios, así parece. Dejemos pues que en tu causa decida el juicio divino. He aquí dos papelitos: uno con el escrito: INOCENTE, otro con el CULPABLE. Vas a sortear. Lo que elijas, será el fallo.

El acusado sabía que los jueces eran unos perjuros comprados y que los dos papelillos tenían el mismo escrito: CULPABLE. ¿Pero, qué podría hacer? ¿Fue una situación sin salida…? No había tiempo para pensar. El juez ya tendía hacia él los puños con los fatales papelitos dentro de cada uno. Ya era preciso echar suertes. El justo pidió mentalmente a Dios ayuda. Cerró los ojos. Sorteó y… en ese mismo instante se comió el papelito elegido. Enojados los jueces, le gritaron:

- ¿Qué hiciste? ¿Cómo sabremos ahora cuál era el fallo?
- Es simple saberlo - respondió el acusado. 
- Basta con que miren qué dice el papelillo que les queda en la mano.

Los jueces se callaron estupefactos. Claro está, el papelito restante rezaba: CULPABLE. Pues el fallo tuvo que ser al revés: INOCENTE. Le dejaron al acusado en paz, temían continuar molestando a un hombre que supo salir ileso de una trampa que ellos consideraban sin salida.

George Frederic Watts - Esperanza, abandonada en la caja, olvidada

środa, 27 października 2010

TABERNERO SUCIO - INCRÉDULOS ILUSTRES

TABERNERO SUCIO

La sola corrupción de costumbres, si no se ha extinguido ya del todo la luz de la fe, deja al menos la esperanza de la enmienda; mas, si unir la perversidad de costumbres y la falta de fe e ignorancia, ya es casi imposible el remedio y sólo queda abierto el camino de la ruina. (Pío X)

En un pueblo, habíase una vez un tabernero. Un día le faltó el vino. Siempre ajetreado, viendo ahora a muchos clientes sedientos, se desesperaba, pobrecito, sudaba a chorros. Sin que se bañase ni cambiase, tan sucio como estaba, con traje de trabajo lleno de manchas de grasa, subió al carro y se dirigió a la ciudad vecina, a la tienda de vinos más distinguidos, para comprar allí algunos barriles. Iba probando todos los vinos que se le ofrecían, pero ninguno le satisfacía.

- No hay nada que decir… es un vino bueno… es vino bueno pero …    pero tiene un olor…

Iba probando aún más clases de vinos muy exquisitos, pero todo en vano: todos los vinos le olían mal.

El vendedor sacó entonces el mejor de sus vinos. Era por demás. La respuesta era la misma:

- Es un vino muy bueno… pero también tiene un olor…

Entonces el comerciante examinó de más cerca al cliente, cuyo vestido estaba lleno de grasa, frunció el ceño, se tapó la nariz y le dijo:

- Ah, Amigo, antes vuelva usted a casa, quítese este vestido hediondo, lleno de grasa vieja, de aceite rancio, de manchas antiquísimas, póngase otro limpio y entonces venga otra vez y dígame si todavía sigue sintiendo un olor… al probar el vino…

INCRÉDULOS ILUSTRES
El pueblo cesa de creer en Dios cuando cesa de ser virtuoso. 
(Claude Piat)

Ocurrió en el salón de Chateaubriand, uno de los escritores más célebres de Francia en el siglo XIX. Los invitados eran en su mayoría sabios y artistas incrédulos. Y se habló de la religión - ¡cómo ocurre con frecuencia entre los incrédulos! – y sacaron la conclusión de que el hombre instruido no puede ya ser creyente. Entonces se levantó Chateaubriand y dijo:

- Señores, pónganse la mano sobre el corazón. ¿No volverían otra vez a ser creyentes si supiesen vivir una vida pura?

Los incrédulos engreídos quedaron atónitos. De veras, más cómodo les era vivir como si Dios no existiera, tampoco el premio por el bien ni el castigo por el mal. ¿Cómo vivir frívolamente y deshonestamente creyendo que hay un Ojo que siempre ve y Alguien que lo sabe todo y lo juzga todo? Pero, ¿negar las realidades hace que ellas desaparezcan? La vida del hombre pasa volando, el juicio espera. Dios es el Juez justo que premia el bien y castiga el mal. 


Cfr. Mons. Tihamér Tóth, Creo en Dios (Razonemos nuestra Fe 1), 
Editorial Poblet, Buenos Aires 1944, pgs. 50-51.

sobota, 23 października 2010

UN MAL COMUNISTA

Hagamos la guerra al que nos reprende porque violamos la Ley; nos recuerda cómo fuimos educados y nos echa en cara nuestra conducta. Pretende conocer a Dios y se proclama hijo del Señor. No hace más que contradecir nuestras ideas, y su sola presencia nos cae pesada. Lleva una vida distinta a la de todos y es rara su conducta. Nos considera unos degenerados, creería mancharse si actuara como nosotros. Habla de una felicidad para los justos al final y se vanagloria de tener a Dios por padre. 
(Sabiduría 2,12-16) 


El impío desde siempre odia al justo, y entre el bien y el mal existe un abismo irreconciliable. Eso ocurrió durante la guerra civil española, en el año del Señor 1936. Los comunistas, respirando odio contra la santa Iglesia católica, atraparon a un piadoso sacerdote, muy anciano ya y achacoso. Sin que les importara su venerable edad y su miserable salud (el reumatismo atormentaba sus miembros de tal manera que tenía que ayudarse con un bastón), se lo llevaron consigo hacia Madrid, todo esto en medio de burlas, blasfemias y maldiciones. 

Ahí esos incrédulos lo entregaron a su tribunal ladronesco y bajo amenaza le obligaban a que renunciase de la sacrosanta fe católica. No lo pudieron conseguir, ni por buenas, ni por malas. 

- ¡Ciudadano, jure usted que Dios no existe, reniegue de su fe! – instaban los comunistas maldiciendo y blasfemando contra el inefable Nombre de Dios. 

Entonces el sacerdote empezó a presentarles las razones a favor de la sensatez de la fe y demostrándoles sabiamente la insensatez de su bruto ateísmo. En consecuencia, los injustos jueces se enfadaron más todavía y - ya sin rodeos - comenzaron a ensañarse con él amenazándolo abiertamente con la muerte si no abjurase de su fe en Dios. En aquel momento, el sacerdote dijo calmadamente: 

- ¿Cómo negar la existencia de Dios si Él nos mira ahora y ve nuestras obras? 

Entonces el cabecilla de los comunistas se puso en pie de un salto y a sus muchos pecados quería añadir uno más todavía - he aquí, echando fuego por los ojos, sacó su revólver, lo arrimó al corazón del sacerdote y le gritó furibundo: 

- ¡Reniega de tu fe en Dios, o te mato ya! 

El sacerdote se levantó a duras penas, agarrándose por el tablero de la mesa, y dijo con fuerza y claramente: 

- Creo en Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra… 

Del rostro del testigo de Cristo emanaba una luz cuya fuente puede ser tan solo la Verdad misma. El renegado empedernido, ya que antes de haber llegado a ser apóstata habrá nacido católico seguramente, echó su pistola por el suelo, golpeó con la mano en la mesa y exclamó: 

- ¡Yo no puedo matar a este hombre…! 

¿Acaso alguien sabrá qué ocurrió después? ¿Qué habrían pensado los demás camaradas sobre su compañero que permitió que un sentimiento más noble naciera en su corazón? ¿Que fue un mal comunista? Dios sólo sabe qué pasó con esos dos. Hoy ambos ya no viven más. Los dos saben ahora que Dios existe, que hay premio por el bien y castigo por el mal; ambos habrán recibido ya según merecieron sus obras. Pero esta historia vuelve a repetirse siempre y esta lucha no cesa jamás, hasta que – pasado el tiempo de la prueba – el abismo separe a los contrincantes; este abismo que ni el uno ni el otro jamás podrá franquear, según asegura el padre Abrahán al epulón rico sepultado en el abismo por falta de misericordia... 

Tras: Mauricio Rufino, Vademécum de ejemplos predicables 
(Editorial Herder), Barcelona 1962, N° 1099, pgs. 445-446.

niedziela, 17 października 2010

ABUELO SABIO

Es más fácil amar a la humanidad en general que al vecino.

Eric Hoffer

Habíase una vez un hombre rezongón que nunca se sentía cómodo en ninguna parte. Claro, los vecinos no le querían porque solía poner música a todo volumen sin que le importara el parecer de los demás. Por fin, se fue a vivir a otro barrio. Se acercó a un abuelo de amable aspecto que sentado tomaba mate frente a su casa, y le preguntó:

- Benefactor, dígame usted, ¿qué clase de personas viven en este lugar? Sepa que soy un ciudadano honesto que busca un barrio habitado por gentes honestas.

A lo cual el sabio anciano le replicó:

- Caballero, pero contéstame: ¿Qué clase de personas vive en el barrio que tú acabas de abandonar?

De ceño fruncido y mirada casi furibunda, el joven respondió, dando patadas contra el suelo:

- ¡Un grupo de caraduras y egoístas malvados que me prohíben escuchar música fuerte y hacer tantas cosas más! Me regocijo haberme ido de allí.

A lo cual el abuelo contestó:

- Lo mismo vas a encontrar aquí. Busca mejor otro lugar. Y no le quiso dignificar ni con una mirada más.

Ese mismo día otro caballero venido de tierras lejanas deambulaba por el barrio en busca de alguna habitación para alquilarla. Se acercó a ese mismo abuelo amador de mate y - sonriendo amablemente - le hizo esa misma pregunta o parecida:

- ¿Qué clase de personas viven en este lugar? Es que tengo que mudarme y quiero algún lugar tranquilo.

El sabio viejo respondió con la misma pregunta:

- Joven, ¿y qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

- Buena gente, o noble Anciano, honesta, amigable, hospitalaria, ¡me duele mucho haberla dejado!

– Lo mismo encontrarás aquí, respondió el anciano. Quédate en nuestro barrio, amable Caballero.

Un hombre ocioso que holgazaneaba por ahí observó todo esto y estupefacto le preguntó al abuelo :

- ¿Cómo es posible dar dos respuestas diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo circunspecto respondió:

- Cada uno juzga a los demás desde el prejuicio que lleva adentro. Para el amargado todo es amargado, para el impuro todo es impuro. “Quien siembra viento cosecha tormenta”, enseña sabiamente la Biblia. El cómo percibimos el mundo exterior depende mucho de nuestro mundo interior, de nuestra actitud.

Ojalá tengamos en nuestros barrios muchos ancianos tan sabios. Pero, ¿Quién hoy día aprovecha de la sabiduría de quienes ya tienen alguna experiencia? O TEMPRORA, O MORES!

  

sobota, 16 października 2010

LLAVE DE ORO

No pueden desembocar en la impiedad más que dos clases de hombres: los que tienen pereza de pensar y los que no tienen fuerza para obrar bien. Los primeros niegan a Dios, porque no pueden palparle con las manos. Los otros le niegan, para poder seguir su vida de pecado. En la mayoría de los casos el hombre se hace incrédulo para librarse de Dios.
(Mons. Tihamér Tóth)

Emblema del Papa
Un niño tuvo un sueño en el que vio a una encantadora hada que, acercándose a él, extendió ante sus deslumbrados ojos preciosos juguetes y ricos regalos. Sonriente le dijo:

- ¿Te hacen feliz estas cosas? Pues podrás tenerlas si eres mi amigo.

En esto apareció en escena un noble príncipe, y, extendiendo un gran vestido sobre su cama, le dijo:

Este vestido significa la fama y la gloria. Podrás obtenerlas si eres mi amigo.

Ya iba el niño a aceptar la propuesta, cuando se presentó un sacerdote al lado de su cama y, mirándole amablemente, le dijo:

- Hijo mío, ¿qué te aprovecha todo esto? He aquí que yo te traigo algo más precioso. Anda, toma esta cajita de madera.

El niño sintió disgusto y no quiso aceptarla.

- Ábrela – le dijo el sacerdote – y mira lo que contiene.
El niño la abrió y halló una llave de oro.

- Esta llavecita – le explicó el sacerdote – te abrirá un día las puertas del cielo, si es que la guardas fielmente. Esta llavecita es la sacrosanta fe católica.

El niño despertó y comprendió que el don de la fe es nuestro mayor tesoro. Guardémosla con todo esmero.


Fuente: Mauricio Rufino, Vademécum de ejemplos predicables (Editorial Herder), Barcelona 1962, N° 378, p. 165.


czwartek, 14 października 2010

EL MAYOR MILAGRO

Es tanto, tanto, lo que la Virgen María me ha regalado de sus tesoros, que ya debería estar vacía su dispensa, si su hijo no fuera el infinito Dios.
San Juan María Vianey


Virgen de Siracusa
Cuando en Siracusa (Sicilia) apareció la Virgen María llorando sangre y acto seguido comenzaron a suceder curaciones inexplicables, los comunistas de ahí empezaron a inquietarse, temiendo este fenómeno como el diablo teme la cruz. 

- ¡Es intolerable eso, es un ultraje al sentido común, es una bofetada dada a la sociedad culta, a la gente ilustre! – vociferaba enfurecido el más empedernido de ellos, secretario del Partido. – El único milagro en todo esto es el hecho de que nuestro Partido no haya estado lo suficientemente alerta para desenmascarar a tiempo este fraude. ¡En marcha, Camaradas! Husmeen en todas partes, investiguen, interroguen, hablen con los curas, con los médicos, con los científicos, con los supuestamente curados. Es pura mentira todo esto, pues descubran la verdad. Pero su investigación háganla honradamente, tiene que ser un trabajo impecable, que no nos acusen de parcialidad o manipulación después. Espero aquí los resultados de su investigación, ¡el Partido cuenta con ustedes!…

Así más o menos enfervorizaba a los suyos el jefe rojo. Ponía también mucho cuidado en su amigo que desde hacía algún tiempo se turbaba demasiado a causa de estas apariciones, hasta empezaba a dudar de los sagrados principios del marxismo y leninismo...

Ahora por todo el país echó a difundirse la noticia de que el comité rojo había urdido un complot para desacreditar la aparición de la Virgen de Siracusa. El tiempo pasaba. Los camaradas corrían de un lugar a otro husmeando y averiguando las cosas, pero todo en vano – no han descubierto nada fraudulento en todo este asunto. El camarada secretario se encontraba muy decaído de ánimo. El peor día para él fue cuando los obispos de Italia se pronunciaron a favor de la autenticidad de las apariciones en Siracusa…

De repente, otra noticia cundió por la ciudad con la velocidad del rayo que acongojó a los camaradas: ¡he aquí su jefe y camarada, el mismo secretario del Partido que los había enviado a desprestigiar las apariciones de Siracusa, creyó en su autenticidad, se convirtió, lloró a lágrima viva sus pasados pecados y errores, abandonó el Partido y volvió a la fe católica! 

Antes de que ocurriera esta maravillosa conversión, dicen que lo había visitado ese amigo con dudas dirigiéndole un reproche así:

- ¿Sabes qué, en lo que ocurre en esta ciudad ahora, es lo peor, el “milagro” de la inversa? El hecho de que existan tales hombres como tú, quienes se encierran en su fanática incredulidad aun cuando Dios milagrosamente les da señales manifiestas de su existencia.

Se hizo silencio. Luego el visitante añadió como si diera con una revelación:

- Y sabes, amigo, a decir verdad, creo comprender por qué Él eligió como signo… las lágrimas de… María…

Adaptación del cuento
Fuente: A. M. Weigl, Seine Mutter, meine Mutter,
Verlag St. Grignionhaus, Altötting 1969, p. 154-157.