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czwartek, 29 listopada 2012

CONVERTIDO AL NO RENEGAR DE MARÍA – CONVERTED BECAUSE HE DID NOT RENOUNCE MARY THE BLESSED VIRGIN

Beato Tomás de Kempis
Servir con el corazón y los labios a tal Señora, es cosa deleitable y que no puede menos que regocijar. No quedará, en efecto, sin notable recompensa todo lo que se haya hecho, por poco que sea, en su honor.
Beato Tomás de Kempis


Refieren el Belovacense y Cesáreo que un joven noble, por sus vicios, se vio reducido de rico como lo había dejado su padre, a tanta pobreza que necesitaba mendigar para comer. Se fue a vivir lejos, donde no fuese conocido para no pasar tanta vergüenza. Por el camino se encontró con un viejo criado de su padre, quien al verlo tan afligido por la pobreza en que había caído le dijo que no perdiese el ánimo, porque él podía ponerlo en relación con un príncipe que lo proveería de todo.
It is related by Belluacensis and Cesarius, that a noble youth having lost by his vices the wealth left him by his father, became so poor that he was obliged to beg. He quitted his native land, that he might live with less shame in a distant country where he was unknown. On this journey he met one day an old servant of his father, who, seeing him so cast down by the poverty he was suffering, told him to cheer up, for he would take him to a prince who was so liberal that he would provide him with every thing he needed.
El antiguo sirviente se había convertido en un impío hechicero. Un día tomó consigo al infeliz joven y lo llevó a través de un bosque a la orilla de un lago, donde comenzó a hablar con una persona invisible. El joven le preguntó con quién hablaba. Le respondió que con el demonio; y al ver el espanto del joven trató de animarlo para que no tuviera miedo. Y continuó hablando con el demonio:
Now this wretch was an impious sorcerer. One day he took the youth with him to a wood on the borders of a moor, where he began to address some invisible person. The youth asked to whom he was speaking. “To the devil”, he answered; and seeing the youth terrified, bade him not to fear. Continuing to speak with the devil, he said:

“Señor –le dijo–, este joven está reducido a extrema miseria y quiere volver a su antigua posición”.
“Cuando quiera obedecerme –respondió el enemigo– le haré más rico que antes, pero en primer lugar tiene que renegar de Dios”.
“This youth, oh my master, is reduced to extreme necessity, and wishes to be restored to his former condition.”
“If he will obey me”, said the enemy, “I will make him richer than before; but in the first place, he must renounce God”.
Ante esta propuesta se horrorizó el joven, pero instigado por el maldito mago lo hizo y renegó de Dios.
At this the youth shuddered, but urged on by that cursed magician, he yielded. and renounced God.
“Pero esto no basta –replicó el demonio–, es necesario también que reniegue de María, porque ella es la que nos causa más pérdidas. ¡A cuántos nos los arranca de las manos y los lleva a Dios para salvarlos!”
“¿Qué yo reniegue de mi madre? ¡Eso sí que no! –gritó el joven–. ¡Ella es toda mi esperanza! ¡Prefiero andar mendigando toda mi vida!”
“But this is not sufficient” –said the demon–, “he must also renounce Mary; for it is to her that we attribute our greatest losses. Oh, how many souls she has snatched from us, and led back to God and saved!”
“Oh, this I will not do", exclaimed the youth; deny Mary! why she is my only hope. I would rather be a beggar all my life”.
Y el joven se alejó apresuradamente de aquel lugar.
With these words he left the place.
A la vuelta acertó a pasar por una iglesia de María. Entró el desconsolado joven y, postrándose ante su imagen, comenzó a llorar amargamente y a pedir a la santísima Virgen que le obtuviera el perdón de sus pecados. Y he aquí que María, desde su imagen, se puso a rogar a su Hijo a favor de aquel infeliz. Jesús le dijo:
On his way he happened to pass a church dedicated to Mary. The unhappy youth entered it, and kneeling before her altar, began to weep and implore the most holy Virgin that she would obtain the pardon of his sins. Mary immediately began to intercede with the Son for that miserable being. Jesus at first said:
“Pero si es un ingrato, Madre mía; ha renegado de mí”.
“But that ungrateful youth, my mother has denied me.
Mas como María no dejaba de suplicarle, al fin le dijo:
But seeing that his mother still continued to entreat him, he at last said:
“Madre mía, jamás te he negado nada; sea perdonado ya que tú me lo pides”.
“Oh, my mother, I have never refused thee any thing; he shall be pardoned, since thou dost ask it.”
Todo esto lo estaba observando providencialmente el señor que había comprado la hacienda del joven. Y viendo la piedad de María con aquel pecador y como tenía una hija única se la dio por esposa, haciéndolo heredero de todos sus bienes. Y así aquel joven recuperó, gracias a María, la gracia de Dios y hasta los bienes temporales.
The citizen who had purchased the inheritance of that prodigal was secretly present at this scene, and beholding the mercy of Mary towards that sinner, he gave him his only daughter in marriage, and made him heir of all his possessions. Thus that youth recovered, through the intercession of Mary, the favor of God and even his temporal possessions.
Extracto de Las Glorias de María,
por San Alfonso de Ligorio
St. Alphonsus Liguori, The Glories of Mary,
New York 1852, pgs. 182-184.


MARÍA ASISTE A UN DEVOTO SUYO – MARY ASSISTS HER DEVOTEE


Reina de los Ermitaños,
por Santucho
Cuando rezamos a la santísima Virgen para obtener las gracias no es que desconfiemos de la divina misericordia, sino que, ante todo, desconfiamos de nuestra propia indignidad, y nos encomendamos a María para que con su dignidad supla nuestra miseria.
San Anselmo






En Reichersberg vivía Arnoldo, canónigo regular muy devoto de la santísima Virgen. Estando para morir recibió los santos sacramentos y rogó a los religiosos que no le abandonasen en aquel trance. Apenas había dicho esto, a la vista de todos comenzó a temblar, se turbó su mirada y se cubrió de frío sudor, comenzando a decir con voz entrecortada:
In Reisberg there lived a Canon regular named Arnold, who was very devoted to the blessed Virgin. Being at the point of death, he received the sacraments, and calling his religious to him, begged them not to leave him at the last moment. Scarcely had he said this, when he began to tremble violently and roll his eyes; cold sweat fell from him, and with an agitated voice he exclaimed:
“¿No veis esos demonios que me quieren arrastrar a los infiernos?”
Y después gritó:
“Hermanos, invocad para mí la ayuda de María; en ella confío que me dará la victoria.”
“Do you not see those demons who would seize me and carry me to hell?”
Then he cried:
“My brothers, invoke for me the help of Mary; I trust in her that she will give me the victory.”
Al oír esto empezaron a rezar las letanías de la Virgen, al decir: “Santa María, ruega por él”, dijo el moribundo: “Repetid, repetid el nombre de María, que siento como si estuviera ante el tribunal de Dios”.
They immediately began to recite the Litany of our Lady, and at the words, Holy Mary, pray for him, “Sancta Maria, ora pro eo,” the dying man cried: “Repeat, repeat the name of Mary, for I am even now at the tribunal of God.”
Calló un breve tiempo y luego exclamó: “Es cierto que lo hice, pero luego también hice penitencia.” Y volviéndose a la Virgen le suplicó: “Oh María, yo me salvaré si tú me ayudas.”
He stopped for a moment, and then added: “It is true that I did it, but I have done penance for it.”
Then turning to the Virgin, he said: “Oh Mary, I shall be delivered if thou wilt help me.”
Enseguida los demonios le dieron un nuevo asalto, pero él se defendía haciendo la señal de la cruz con un crucifijo e invocando a María.
The demons soon after made another attack, but he defended himself by blessing himself with the crucifix, and invoking Mary.
Así pasó toda aquella noche. Por fin, llegada la mañana, ya del todo sereno, Arnoldo exclamó:
Thus he passed the whole night, but when morning dawned, Arnold, restored to serenity, joyfully said:
“María, mi Señora y mi refugio, me ha conseguido el perdón y la salvación.”
“Mary, my Lady, and my refuge, has obtained for me pardon and salvation.”
Y mirando a la Virgen que le invitaba a seguirla, le dijo:
“Ya voy, Señora, ya voy.”
Then beholding the Virgin, who summoned him to follow her, he said:
“I come, oh Lady, I come.”
Y haciendo un esfuerzo para incorporarse, no pudiendo seguirla con el cuerpo, suspirando dulcemente la siguió con el alma, como esperamos a la gloria bienaventurada.
He made an effort to rise, but not being able to follow her with the body, gently expiring, he followed her with his soul, as we hope, to the blessed kingdom of glory.
Extracto de Las Glorias de María,
por san Alfonso de Ligorio
St. Alphonsus Liguori, The Glories of Mary,
New York 1852, pgs. 165-166.

MARÍA SOCORRE A SAN FRANCISCO DE SALES


Así como la azucena es remedio contra las serpientes y sus venenos, así invocar a María es remedio especialísimo para vencer todas las tentaciones, sobre todo las de impureza, como lo comprueban quienes lo practican.
Cornelio a Lápide

San Francisco de Sales
Muy bien experimentó la fuerza de esta oración san Francisco de Sales, como se narra en su vida. Tenía el santo unos diecisiete años y se encontraba en París dedicado al estudio y entregado al santo amor de Dios, disfrutando de dulces delicias de cielo. Mas el Señor, para probarlo y estrecharlo más a su amor, permitió que el demonio le obsesionase con la tentación de que todo lo que hacía era perdido porque en los divinos decretos estaba reprobado. La oscuridad y aridez en que Dios quiso dejarlo al mismo tiempo, porque se encontraba insensible a los pensamientos más dulces sobre la divina bondad, hicieron que la tentación tomara más fuerza para afligir el corazón del santo joven, hasta el punto de que por esos temores y desolaciones perdió el apetito, el sueño, el color y la alegría, de modo que daba lástima a todos los que lo veían.

Mientras duraba aquella terrible tempestad, el santo joven no sabía concebir otros pensamientos ni proferir otras palabras que no fueran de desconfianza y de dolor.

“¿Con que –decía– estaré privado de la gracia de Dios, que en lo pasado se me ha mostrado tan amante y suave? ¡Oh amor, oh belleza a quien he consagrado todos mis afectos! ¿Ya no gozaré más de tus consolaciones? ¡Oh Virgen Madre de Dios, la más hermosa de todas las hijas de Jerusalén! ¿Es que no te he de ver en el paraíso? Ah Señor, ¿es que no he de ver tu rostro? Al menos no permitas que yo vaya a blasfemar y maldecirte en el infierno”.

Estos eran los tiernos sentimientos de aquel corazón afligido y enamorado de Dios y de la Virgen.

La tentación duró un mes, pero al fin el Señor se dignó librarlo por medio de María Santísima, la consoladora del mundo, a la que el santo había consagrado su virginidad y en la que afirmaba tener puesta toda su confianza.

Entre tanto, una tarde, yendo hacia casa, vio una tablilla pegada al muro. La leyó, y era la siguiente oración:
“Acuérdate, piadosísima María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a ti se haya visto por ti desamparado”.

Postrado junto al altar de la Madre de Dios, rezó con afecto aquella oración, le renovó su voto de castidad y prometió rezarle todos los días un rosario. Y luego añadió:
“Reina mía, sé mi abogada ante tu divino Hijo, al que no me atrevo a recurrir. Madre mía, si yo, infeliz, en la otra vida no puedo amar a mi Señor que es tan digno de ser amado, al menos consígueme que te ame en este mundo inmensamente. Esta es la gracia que te pido y de ti la espero”.

Así rezó a la Virgen y se abandonó por completo en brazos de la divina misericordia, resignado completamente a la voluntad de Dios. Pero apenas había concluido su oración, en un instante la Virgen le libró de la tentación. Recuperó del todo la paz del alma y la salud corporal y siguió viviendo devotísimo de María, cuyas alabanzas y misericordias no cesó de anunciar en predicaciones y libros toda la vida.

Extracto de Las Glorias de María, por san Alfonso de Ligorio

poniedziałek, 26 listopada 2012

MARÍA AYUDA EFICAZMENTE A BIEN MORIR - MARY HELPS EFFECTIVELY TO DIE WELL

No busca nada de lo que tenemos, ni necesita para nada de lo nuestro, cuando en el cielo todos se afanan en satisfacer sus deseos. Si exige de nosotros que la sirvamos, es porque busca nuestro bien. Si pide que la alabemos, es porque desea nuestra salvación.
Beato Tomás de Kempis

Nuestra Señora, Theotokos, 
de Vladimir
Se cuenta de san Andrés Avelino que en la hora de su muerte vinieron miles de demonios para tentarlo. Y se lee en su biografía que en su agonía sostuvo un combate tan fiero con el infierno, que hacía estremecer a los buenos religiosos que le acompañaban. 

Vieron que al santo se le hinchaba la cara y se le amorataba por el exceso de dolor; todo su cuerpo temblaba en medio de fuertes convulsiones; de los ojos brotaban abundantes lágrimas; daba golpes violentos con la cabeza, señales todas de la terrible batalla que le hacía sostener el infierno. Todos lloraban de compasión redoblando las oraciones, a la vez que temblaban de espanto viendo cómo moría un santo. Se consolaban viendo cómo el santo constantemente dirigía los ojos a una devota imagen de María, acordándose que él mismo muchas veces les había profetizado que, en la hora de la muerte, María había de ser su refugio. 

Quiso al fin el Señor que terminara la batalla con gloriosa victoria; cesaron las convulsiones, se le descongestionó el rostro y, tornando a su color normal, vieron que el santo, fijos los ojos en una imagen de María, le hizo una inclinación como en señal de agradecimiento –la cual se cree que entonces se le aparecería– y expiró plácidamente en los brazos de María. 

En el mismo instante una capuchina que estaba en trance de muerte, dijo a las religiosas que la asistían: “Rezad el Ave María porque acaba de morir un santo”.

Extracto de Las Glorias de María, por San Alfonso de Ligorio




It is related of St. Andrew Avellino, that at the time of his death, ten thousand devils came to tempt him; and we read in his life, that at the time of his agony he had so fierce a struggle with hell, that it caused all his good religious who were present to tremble. 

They saw the face of the saint swell from agitation, so that it became black; they saw all his limbs trembling, and greatly agitated, rivers of tears flowed from his eyes, and his head shook violently; all these were signs of the horrible assault he was suffering from the powers of hell. All the religious wept in compassion, redoubled their prayers, and trembled with fear when they saw that a saint died thus. Yet they were consoled by seeing that the saint often turned his eyes, as if seeking help, towards a devout image of Mary, for they remembered that he had often said in life, that in the hour of his death, Mary must be his refuge. 

It finally pleased God to terminate this struggle by a glorious victory, for the agitation of his body ceased, his countenance gained its natural shape and color, and fixing his eyes tranquilly on that image, he devoutly bowed his head to Mary, who, it is believed, then appeared to him, as if to thank her, and quietly breathed forth in her arms his blessed soul, with heavenly peace depicted on his countenance. 

At the same time a Capuchin nun, in her agony, turned to the religious who were with her and said: "Say an Ave Maria, for a saint has just died."

St. Alphonsus Liguori, The Glories of Mary, New York 1852, pgs. 102-103.


środa, 21 listopada 2012

MUERTE SANTA DE UNA PASTORCILLA - HOLY DEATH OF A POOR SHEPHERDESS

No busca nada de lo que tenemos, ni necesita para nada de lo nuestro, cuando en el cielo todos se afanan en satisfacer sus deseos. Si exige de nosotros que la sirvamos, es porque busca nuestro bien. Si pide que la alabemos, es porque desea nuestra salvación.
Beato Tomás de Kempis

La Virgen y El Ñiño con los ángeles 
y los santos Jorge y Teódoro, icona c. 600, 
del Monasterio de Santa Catalina 
Narra el P. Auriema que una pobre pastorcilla que guardaba su rebaño amaba tanto a María, que toda su delicia consistía en ir a la ermita de nuestra Señora que había en el monte y estarse allí, mientras pastaba el rebaño, hablando y haciendo homenajes a su amada Madre.

Como la imagen, que era de talla, estaba desprovista de adornos, como pudo le hizo un manto. Otro día, con flores del campo hizo una guirnalda y subiendo sobre el altar puso la corona a la Virgen, diciendo:

“Madre mía, bien quisiera ponerte corona de oro y piedras preciosas, pero como soy pobre recibe de mí esta corona de flores y acéptala en señal del amor que te tengo”.

Con éstos y otros obsequios procuraba siempre esta devota jovencita servir y honrar a su amada Señora. Pero veamos cómo recompensó esta buena Madre las visitas y el amor de esta hija suya.

Cayó la joven pastorcita gravemente enferma, y sucedió que dos religiosos pasaban por aquellos parajes. Cansados del viaje, se pusieron a descansar bajo un árbol. Uno de ellos dormía, pero ambos tuvieron la misma visión. Vieron una comitiva de hermosísimas doncellas, entre las que descollaba una en belleza y majestad. “¿Quién eres, señora, y dónde vas por estos caminos?”, le preguntó uno de los religiosos a la doncella de sin igual majestad. “Soy la Madre de Dios –le respondió– que voy con estas santas vírgenes a visitar a una pastorcilla que en la próxima aldea se halla moribunda y que tantas veces me ha visitado”.

Dicho esto, desapareció la visión.

Los dos buenos siervos de Dios se dijeron: “Vamos nosotros también a visitarla”. Se pusieron en camino y pronto encontraron la casita y a la pastorcita en su lecho de paja. La saludaron y ella les dijo: “Hermanos, rogad a Dios que os haga ver la compañía que me asiste”. Se arrodillaron y vieron a María que estaba junto a la moribunda con una corona en la mano y la consolaba. Luego las santas vírgenes de la comitiva iniciaron un canto dulcísimo. En los transportes de tan celestial armonía y mientras María hacía ademán de colocarle la corona, la bendita alma de la pastorcita abandonó su cuerpo yendo con María al paraíso.

Extracto de Las Glorias de María, por san Alfonso de Ligorio


It is narrated by Father Auriemma, that a poor shepherdess loved Mary so much that all her delight was to go to a little chapel of our Lady, on a mountain, and there in solitude, while her sheep were feeding, to converse with her beloved mother and pay her devotion to her. 

When she saw that the figure of Mary, in relief, was unadorned, she began, by the poor labor of her hands, to make a drapery for it. Having gathered one day some flowers in the fields, she wove them into a garland, and then ascending the altar of that little chapel, placed it on the head of the figure, saying: “Oh, my mother, I would that I could place on thy head a crown of gold and gems; but as I am poor, receive from me this poor crown of flowers, and accept it as a token of the love I bear thee.” 

Thus this devout maiden always endeavored to serve and honor her beloved Lady. But let us see how our good mother, on the other hand, rewarded the visits and the affection of her child. 

She fell ill, and was near her end. It happened that two religious passing that way, weary with travelling, stopped to rest under a tree; one fell asleep and the other watched, but both had the same vision. They saw a company of beautiful virgins, and among them there was one who, in loveliness and majesty, surpassed the rest. One of the brothers addressed her, and said: “Lady, who art thou? and where art thou going?” “I am the mother of God,” she replied, “and I am going to the neighboring village, with these holy virgins, to visit a dying shepherdess, who has many times visited me.” 

She spoke thus and disappeared. 

These two good servants of God proposed to each other to go and visit her also. They went towards the place where the dying maiden lived, entered a small cottage, and there found her lying upon a little straw. They saluted her, and she said to them: “Brothers, ask of God that he may permit you to see the company that surrounds me.” They were quickly on their knees, and saw Mary, with a crown in her hand by the side of the dying girl, consoling her. Then those holy virgins began to sing, and with that sweet music the blessed soul was released from the body. Mary crowned her, and took her soul with her to paradise.

St. Alphonsus Liguori, The Glories of Mary, New York 1852, pgs. 64-66.


MUERE SANTAMENTE UN ESCOCÉS CONVERTIDO AL CATOLICISMO - THE SAINT DEATH OF A SCOTTISH CONVERTED TO CATHOLICISM

Todos los verdaderos hijos de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien no tenga a María por Madre, tampoco tiene a Dios por Padre.
San Luis María Grignión de Montfort

The Annunciation, by Eustache
Le Sueur, 17th-century
Se narra en la historia de las fundaciones de la Compañía de Jesús en el reino de Nápoles de un noble joven escocés llamado Guillermo Elphinstone. Era pariente del rey Jacobo, y habiendo nacido en la herejía, seguía en ella; pero iluminado por la gracia divina, que le iba haciendo ver sus errores, se trasladó a Francia, donde con la ayuda de un buen padre, también escocés, y, sobre todo, por la intercesión de la Virgen María, descubrió al fin la verdad, abjuró la herejía y se hizo católico. Fue después a Roma. Un día lo vio un amigo muy afligido y lloroso, y preguntándole la causa le respondió que aquella noche se le había aparecido su madre, condenada, y le había dicho: “Hijo, feliz de ti que has entrado en la verdadera Iglesia; yo, por haber muerto en la herejía, me he perdido”.

Desde entonces se enfervorizó más y más en la devoción a María, eligiéndola por su única madre, y ella le inspiró hacerse religioso, a lo que se obligó con voto. Pero como estaba enfermo, se dirigió a Nápoles para curarse con el cambio de aires. Y en Nápoles quiso Dios que muriese siendo religioso. En efecto, poco después de llegar, cayó gravemente enfermo, y con plegarias y lágrimas impetró de los superiores que lo aceptasen. Y en presencia del Santísimo Sacramento, cuando le llevaron el Viático, hizo sus votos y fue declarado miembro de la Compañía de Jesús. 

Después de esto, era de ver cómo enternecía a todos con las expresiones con que agradecía a su madre María el haberlo llevado a morir en la verdadera Iglesia y en la casa de Dios, en medio de los religiosos sus hermanos. “¡Qué dicha –exclamaba– morir en medio de estos ángeles!” Cuando le exhortaban para que tratara de descansar, respondía: “¡No, ya no es tiempo de descansar cuando se acerca el fin de mi vida!”

Poco antes de morir dijo a los que le rodeaban: “Hermanos, ¿no veis los ángeles que me acompañan?”

Habiéndole oído pronunciar algunas palabras entre dientes, un religioso le preguntó qué decía. Y le respondió que el ángel le había revelado que estaría muy poco tiempo en el purgatorio y que muy pronto iría al paraíso. Después volvió a los coloquios con su dulce madre María. Y diciendo: “¡Madre, madre!”, como niño que se reclina en los brazos de su madre para descansar, plácidamente expiró.

Poco después supo un religioso, por revelación, que ya estaba en el paraíso.

Extracto de Las Glorias de María, por san Alfonso de Ligorio


In the history of the foundations of the Company of Jesus, in the kingdom of Naples, is related the following story of a noble youth of Scotland, named William Elphinstone. He was a relation of King James. Born a heretic, he followed the false sect to which he belonged; but enlightened by divine grace, which showed him his errors, he went to France, where, with the assistance of a good Jesuit father, who was like himself a Scotchman, and still more by the intercession of the blessed Virgin, he at length saw the truth, abjured heresy, and became a Catholic. He went afterwards to Rome, where a friend of his found him one day very much afflicted, and weeping. He asked him the cause, and he answered, that in the night his mother had appeared to him and said: “My son, it is well for thee that thou hast entered the true Church; I am already lost, because I died in heresy.” 

From that time he became more fervent in his devotion to Mary, chose her for his mother, and by her was inspired to become a religious. He made a vow to do so, but being ill, he went to Naples to restore his health by a change of air. But the Lord ordered it so that he should die in Naples, and die a religious; for, having become dangerously ill soon after his arrival there, he by prayers and tears obtained from the superiors admittance, and when about receiving the viaticum, he made his vows in presence of the blessed sacrament, and was enrolled in the society. 

After this, in the tenderness of his feelings, he gave thanks to his mother Mary for having rescued him from heresy, and brought him to die in the true Church, and in a religious house in the midst of his brethren. Therefore, he exclaimed: “Oh! how glorious it is to die in the midst of so many angels!” Being exhorted to take a little rest, he answered: “Ah, this is not the time to rest when the end of my life is drawing near.” 

Before dying, he said to the persons present: “Brethren, do you not see the angels of heaven around me?” One of the religious having heard him murmuring something to himself, asked him what he had said. He answered, that his angel-guardian had revealed to him that he should be in purgatory but a short time, and would soon enter paradise. Then he began again to talk with his sweet mother Mary, and repeating the word, mother, mother, he tranquilly expired, like a child falling asleep in the arms of its mother. 

Soon after, it was revealed to a devout religious that he had already entered paradise.

St. Alphonsus Liguori, The Glories of Mary, New York 1852, pgs. 47-49.

CONVERSIÓN DE MARÍA, LA PECADORA, EN LA HORA DE LA MUERTE


Con sólo presentarse la Reina, huyen los rebeldes. Si en la hora de la muerte tenemos a María de nuestra parte, ¿qué habremos de temer de todos los enemigos infernales?
San Alfonso de Ligorio

Se cuenta en la vida de sor Catalina de San Agustín que en el mismo lugar donde vivía esta sierva de Dios habitaba una mujer llamada María que en su juventud había sido una pecadora y aún de anciana continuaba obstinada en sus perversidades, de modo que, arrojada del pueblo, se vio obligada a vivir confinada en una cueva, donde murió abandonada de todos y sin los últimos sacramentos, por lo que la sepultaron en descampado.

Sor Catalina, que solía encomendar a Dios con gran devoción las almas de los que sabía que habían muerto, después de conocer la desdichada muerte de aquella pobre anciana, ni pensó en rezar por ella, teniéndola por condenada como la tenían todos.

Pasaron cuatro años, y un día se le apareció un alma en pena que le dijo:

– Sor Catalina, ¡qué desdicha la mía! Tú encomiendas a Dios las almas de los que mueren y sólo de mi alma no te has compadecido.
– ¿Quién eres tú? –le dijo la sierva de Dios.
– Yo soy –le respondió –la pobre María que murió en la cueva.
– Pero ¿te has salvado? –replicó sor Catalina.
– Sí, me he salvado por la misericordia de la Virgen María.
– Pero ¿cómo?
– Cuando me vi a las puertas de la muerte, viéndome tan llena de pecados y abandonada de todos, me volví hacia la Madre de Dios y le dije: "Señora, tú eres el refugio de los abandonados; ahora yo me encuentro desamparada de todos; tú eres mi única esperanza, sólo tú me puedes ayudar, ten piedad de mí."
"La santa Virgen me obtuvo un acto de contrición, morí y me salvé; y ahora mi reina me ha otorgado que mis penas se abreviaran haciéndome sufrir en intensidad lo que hubiera debido purgar por muchos años; sólo necesito algunas misas para librarme del purgatorio. Te ruego las mandes celebrar que yo te prometo rezar siempre, especialmente a Dios y a María, por ti."

Extracto de Las Glorias de María, por san Alfonso de Ligorio