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niedziela, 30 kwietnia 2017

PERMÍTEME ALABARTE, VIRGEN SAGRADA, DAME FUERZA CONTRA TUS ENEMIGOS

La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (Apoc 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte.
Lumen gentium 59

No se perderá entre los hombres la memoria de Scoto, conocido por el doctor sutil e ilustre defensor de la Inmaculada Concepción. Refieren innumerables autores que siendo aun muy joven le abrasaba la sed de la sabiduría; pero su natural rudeza le había quitado casi toda esperanza. Habiéndose encomendado a la que es trono de la sabiduría y antorcha de inextinguible luz, se le apareció la Señora en sueños y le prometió el don de ciencia con tal que lo emplease en defender su honra cuando se le presentará ocasión: no bien hubo abierto los ojos cuando para todas las ciencias se abrieron los de su entendimiento, corriendo por todas ellas a paso de gigante. 

Entró luego en la orden de San Francisco para ser uno de sus mayores astros. El año mil trescientos cuatro se reunieron en París por orden de la Santa Sede y en presencia de sus legados los más célebres doctores de Francia a decidir la famosa controversia de la Inmaculada Concepción. Yendo Scoto a aquella asamblea, y pasando por el patio de la universidad, se postró ante la imagen de María situada sobre la fachada de la baja capilla, y le hizo esta breve pero ardiente súplica: "Dignare me laudare te, Virgo sacrata, da mihi virtutem contra hostes tuos – Permíteme alabarte, Virgen sagrada, dame fuerza contra tus enemigos", y la imagen que hasta entonces había estado enteramente derecha, le inclinó la cabeza, quedando en la postura en que la han visto tantas generaciones, como para asegurarle de que le concedía la gracia suspirada. 

Animado Scoto con tan extraordinario milagro, repitió doscientos argumentos que habían podido inventar los doctores contrarios a la Inmaculada Concepción, y respondió a todos ellos con tanta energía y solidez que disipando innumerables tinieblas con torrentes de luces hizo triunfar en aquella magnífica asamblea y entre los merecidos aplausos de todos los concurrentes la Concepción sin mancha de María.

Desde entonces la universidad de París hizo voto de defender la Inmaculada Concepción y celebrar todos los años su fiesta, y determinó no recibir en adelante a doctor alguno que no hubiese jurado observarlo inviolablemente.

Luis Francisco d´Argentan, Pensamientos acerca de las grandezas de la Santísima Virgen, 
segunda edición, Madrid 1852, pgs. 48-49.

sobota, 29 kwietnia 2017

COMO CABALLO SIN FRENO

Para todos abre el seno de su misericordia, a fin de que todos reciban de su plenitud: el cautivo la libertad, el enfermo la curación, el afligido el consuelo, el pecador el perdón, el justo la gracia, el ángel la alegría, en fin, la Trinidad entera la gloria, y el Hijo su carne humana. No hay nada que escape a su calor.
(San Bernardo, Hom. para el domingo infraoctava de la Asunción, 1-2)

Un joven libertino vivía entregado, como caballo sin freno, a toda suerte de crímenes y escándalos. Sin embargo rezaba cada día, sin dejarla jamás, una Ave María a la madre de Dios. 

Le acometió una enfermedad mortal. Varios eclesiásticos le propusieron que hiciese una buena confesión; su respuesta, acompañada de blasfemias, era que quería morir según había vivido. Un buen amigo traba con él una caritativa conversación, exhortándolo a convertirse. El doliente replica como Saúl: 

— Yo soy demasiado grande pecador para esto.
— Acude pues — le responde el amigo — a María madre de pecadores.
— Ahí yo bien le rezo todos los días una Ave María — dice el enfermo — pero de qué podrá servirme esta pequeña devoción?
— Te servirá mucho — contesta el amigo. — No la has pedido en el Ave María todos los días que ruegue por ti en la hora de la muerte?
— Si — responde el enfermo.

Almas: ya este joven no es el mismo. La madre de Misericordia le ha alcanzado tanta contrición, que aquel corazón de bronce es una blanda cera; sus ojos dos fuentes de lágrimas. Llama a la Virgen su buena madre; confiesa sus pecados con amarguísimo dolor; pide perdón de sus escándalos; recibe los últimos sacramentos, y muere tan santamente, que los muchos testigos de su conversión derraman lágrimas de ternura, y celebran sus exequias, como un día de triunfo para la Virgen, alabando y exaltando su grande poder y misericordia. 

cfr. Francisco Pascual, Nuevo mes de mayo consagrado a María Santísima, 
Imprenta de P. J. Umbert, Palma 1848, pgs. 94-95.

piątek, 28 kwietnia 2017

TU DEVOCIÓN ME COMPLACE

Las madres no contabilizan los detalles de cariño que sus hijos les demuestran; no pesan ni miden con criterios mezquinos. Una pequeña muestra de amor la saborean como miel, y se vuelcan concediendo mucho más de lo que reciben. Si así reaccionan las madres buenas de la tierra, imagínense lo que podremos esperar de nuestra Madre Santa María.
San Josemaría Escrivá de Balaguer

San Bernardino de Sena, siendo aun joven, tenía tanto gusto en la devoción a las imágenes de la Virgen santísima que visitaba todos los días la que se hallaba sobre una de las puertas de la ciudad de Sena. El celo del Santo fue tan agradable a esta buena Madre que le procuró la gracia de su vocación religiosa; y después de haberlo llenado de bendiciones en la Orden de san Francisco, cuyo hábito vistió, se dignó aparecérsele un día y dirigirle estas palabras: 

«Tu devoción me complace, y te concedo como prenda de una recompensa mayor el talento de la predicación y la gracia de poder obrar milagros: son estos unos dones que he alcanzado de mi divino Hijo en favor tuyo; y a eso te añado la promesa que serás participante conmigo de la eterna bienaventuranza en el reino de los cielos.» 

Los resultados justificaron la verdad de esta aparición; porque san Bernardino fue uno de los más insignes predicadores: ilustró la Iglesia con el resplandor de su doctrina, de su santidad y de sus milagros. 

El mes de mayo consagrado a María, obsequio que a esta gran Reina tributa la piedad cristiana todos los años en la parroquial iglesia de Santa María del Mar de esta ciudad, Barcelona 1847, pgs. 7-8.