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środa, 10 maja 2017

CONVERSIÓN DEL MARQUÉS DE TOSCANA

Nuestra Señora extendió sus manos y de repente los niños vieron un agujero en el suelo. Ese agujero, decía Lucía, era como un mar de fuego en el que se veían almas con forma humana, hombres y mujeres, consumiéndose en el fuego, gritando y llorando desconsoladamente. Lucía decía que los demonios tenían un aspecto horrible como de animales desconocidos. Los niños estaban tan horrorizados que Lucía gritó. Ella estaba tan atemorizada que pensó que moriría. María dijo a los niños: “Ustedes han visto el infierno a donde los pecadores van cuando no se arrepienten.
Visión del infierno según la tercera aparición de Fátima 


Si deseas de veras conseguir tu salvación, pide a la Virgen te dé a conocer qué cosa es el infierno. 

Hugo, el marqués de Toscana, vivía licenciosamente sin querer enmendarse por más avisos que recibió de la Virgen María a quien él conservaba alguna devoción no obstante sus vicios. Yendo un día cazando por el monte Senario, embebecido en perseguir una fiera, de repente se armó una tempestad con espantosos truenos y relámpagos y copiosa lluvia. 

Entra huyendo en una cueva y halla dentro a los diablos, que en figura humana, pero negros y horribles, estaban martillando miembros humanos. Al verlos dio un grito, creyendo que eran hechiceros; y al mismo tiempo se oyó una voz espantosa que salía de aquella oscuridad y decía: “Echadle mano y traedme a ese también”. Pero le respondieron: “A su tiempo, porque todavía no lo permite Aquella que tiene tanto poder sobre nosotros”, queriendo decir los espíritus infernales que la Virgen le había libertado hasta entonces de su condenación. 

El marqués al oír estas palabras quedó como asombrado y fuera de sí, y volviendo su corazón a la Madre del temor santo, le pidió socorro, hizo la señal de la cruz y desaparecieron los enemigos. 

Salió de la cueva y dirigiéndose a la casilla de un solitario llamado Eugenio, que vivía en aquel desierto, pasó allí la noche pensando seriamente en mudar de vida. La mañana siguiente salió para Florencia y dio parte al obispo Eustaquio de cuanto le había pasado y del favor que debía a la santísima Virgen: hizo una confesión de todos sus pecados con penitencia pública y una mudanza completa de su mala vida, diciendo a voces y bañado en lágrimas: “Hugo ya no será Hugo”. 

Fundó y dotó con gran magnificencia siete monasterios, vivió de allí adelante como verdadero hijo de María y en todo fue después un príncipe tan bueno que mereció le llamasen el excelente príncipe.

El mes de mayo consagrado a María, obsequio que a esta gran Reina tributa la piedad cristiana todos los años en la parroquial iglesia de Santa María del Mar de esta ciudad, Barcelona 1847, pgs. 61-63.

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