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środa, 31 maja 2017

DEL MARQUÉS DE NOVIAN AL PADRE BEAUVEAU

En Cristo está la plenitud de la gracia como en la cabeza de la que fluye; en María, como en el cuello que la transmite.
Anónimo

Madre de Dios de Lomza, Polonia,
Catedral de San Miguel Arcángel
El sacrificio da las consideraciones mundanas, hecho en honor de la Santísima Virgen, es el principio de un feliz cambio de vida.

En la vida del Padre Beauveau, de la Compañía de Jesús, antes marqués de Novian, se lee que debió su conversión y su vocación por el estado eclesiástico a una victoria que por honrar a la Santísima Virgen consiguió sobre sí mismo.

El año 1469, cuando las tropas alemanas ocupaban la Lorena, algunos soldados alojados en Novian, después de haber bebido con exceso, se pusieron a jugar; uno de ellos, que había perdido mucho, se levantó repentinamente y apercibiendo en su furor una imagen de la Santísima Virgen que había colgada en la pared, se dirigió a ella, como si fuera la causante de su desgracia, y comenzó a golpearla y a blasfemar de la manera más grosera. Pero apenas había perpetrado su crimen cayó al suelo presa de un temblor general y de unos dolores tan agudos que fue imposible hacerle tomar alimento en cuatro o cinco días, al cabo de los cuales recibieron las tropas orden de marchar, y para no dejarle abandonado fue preciso atarle y colocarle como un fardo sobre un caballo. A los pocos días se supo que habiéndose caído del caballo en un acceso de dolor, murió en el camino en medio de los más crueles tormentos.

No cesaba de hablarse en Novian del ejemplar castigo de aquel impío, cuyo suceso había causado asombro y temor en toda la gente del país, hasta que por consejo de un misionero, se decidió celebrar solemnemente una función de desagravio. En consecuencia, el párroco, el capellán del castillo, los misioneros y algunos sacerdotes vecinos, fueron procesionalmente desde la iglesia a la casa en que la profanación había tenido lugar; pero al llegar la procesión, nadie, a pesar de las insinuaciones del párroco, se prestó a conducir la santa imagen. El marqués de Novian, indignado al ver semejante frialdad en el servicio de la Reina de los cielos, se sintió inspirado del piadoso deseo de llevarla por sí mismo; y prescindiendo de todas las consideraciones humanas, lo hizo con todo el respeto y veneración que correspondía, hasta que terminada la procesión fue colocada con autorización del obispo en la capilla del castillo. 

El historiador, testigo ocular de este hecho, añade que la Santísima Virgen no tardó en recompensar este rasgo de piedad; pues que este triunfo alcanzado en honor de María fue, según testimonio del mismo márquez, seguido de tan extraordinario número de gracias y de tan vehementes inspiraciones de vivir en adelante de una manera más conforme al espíritu del cristianismo, que él mismo se admiraba de lo que sucedía en su interior, y aun se afligía temiendo que esta mudanza le condujera más allá de los justos límites prescritos por el Evangelio. 

El resultado fue que se hizo religioso, y vivió y murió santamente.

M. Menghi-D῾Arville, Anuario de María, o el verdadero siervo de la Virgen Santísima,
Madrid 1866, pgs. 10-11.

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