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wtorek, 16 maja 2017

EL RESPETO HUMANO MÁS PERJUDICIAL

El Dios santísimo, para glorificar a la Madre del Redentor, ha determinado y dispuesto que Ella con gran caridad interponga sus plegarias a favor de todos aquellos por los que su divino Hijo ha pagado y ofrecido el sobreabundante precio de su sangre, en el cual únicamente está nuestra salvación, vida y resurrección.
San Alfonso de Ligorio

Entre todos los respetos humanos el más perjudicial es el que nos detiene para no descubrir a los médicos espirituales las llagas de nuestra alma. Bien lo experimentó un hombre en una ciudad de Alemania, el cual habiendo caído en un pecado gravísimo, era tanta después la vergüenza que tenía de confesarle, que no se atrevía de ninguna manera a manifestarlo al confesor. Eran entretanto cruelísimos los remordimientos de su conciencia, sin poder sufrir la angustia y aflicción que le causaban, estando ya desesperado y resuelto a echarse en un río y ahogarse.

Efectivamente iba ya a ejecutarlo; pero al llegar a la orilla se detuvo por divina misericordia. Se vuelve a su casa llorando tristemente y pidiendo a Dios que le perdonase sus pecados con su grande poder, como él decía, y sin necesidad de confesarlos. De allí fue a visitar varios santuarios; mas todo en balde, porque en parte alguna hallaba paz ni consuelo. Dios quería que fuese por intercesión de su santísima Madre. 

Una noche en que agobiado de la tristeza se había quedado dormido, siente que le tocan en la espalda diciéndole: “Anda a confesarte”. Sin detención salta de la cama y se dirige al colegio que tenía la Compañía de Jesús en la ciudad de Warasdin (Esclavonia), resuelto a efectuarlo luego que llegase; pero hallándose ya en la misma puerta, le asaltó de nuevo la vergüenza y volvió atrás. Dejó pasar algunos meses, hasta que recibiendo una noche otro aviso, sale segunda vez aun más determinado, y segunda vez le vence la vergüenza. 

En esta situación se decide a morir primero que decir sus pecados al confesor; pero la gracia le solicitaba fuertemente, de manera que todo el día estuvo luchando consigo mismo. Por último, habiendo ya oscurecido y yendo hacia su casa, entró de paso en una iglesia donde se veneraba una devota imagen de nuestra Señora, a quien de rodillas pidió el remedio de su necesidad: y la piadosísima Madre, que es refugio de pecadores y consoladora de afligidos, no quiso abandonar al infeliz en aquel peligro, ni dejar sin premio el corto obsequio que le hacia estando arrodillado, pues le alcanzó por fin de su santísimo Hijo completa victoria. 

Al punto sintió su corazón enteramente trocado; se levanta, busca un confesor, y con abundantes lágrimas le descubre su conciencia, refiriéndole todos los pecados de su vida. Recibió la absolución y con ella ¡cosa maravillosa! tanta paz en su alma y tan extraordinaria alegría, que aseguraba no la tendría mayor si hubiese ganado todo el oro del mundo.

El mes de mayo consagrado a María, obsequio que a esta gran Reina tributa la piedad cristiana todos los años en la parroquial iglesia de Santa María del Mar de esta ciudad, Barcelona 1847, pgs. 87-90.

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