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poniedziałek, 15 maja 2017

FUE CÉLEBRE LO OCURRIDO EN FERRARA...

En otras ocasiones se ha visto que las almas de los difuntos hacían extraños ruidos en ciertas casas, y otras que todo se encontraba en ellas trastornado, siendo la única causa de esto el no cumplirse con las obligaciones que sobre ellas o sobre los moradores pesaban en sufragio de los difuntos.
Carlos Rosignoli SJ

Fue célebre lo ocurrido en Ferrara, en uno de los más bellos palacios de la ciudad, el cual fue forzoso abandonar por el espantoso ruido que todas las noches se sentía en él. Se quejaba el dueño con frecuencia de que tan bello y magnífico palacio hubiese de estar en tal manera abandonado. Y sabido esto por un legista, al cual le parecían espantajos los tales ruidos, se ofreció a habitar en él para quitar a otros el miedo; pero pactando al mismo tiempo que si hacía desaparecer el ruido o averiguaba la causa, se le había de dar habitación en él por espacio de diez años y libre de toda costa. Gustosísimo admitió el partido el dueño; y el estudiante, tomando sus libros y pocos muebles, se acomodó inmediatamente en la habitación que más le plugo. 

Era cerca de la media noche del día en que se trasladó, y nuestro escolar, sin género de aprensión y alumbrado con una vela bendita, revolvía sus libros, preparándose para sostener al día siguiente una cuestión importante, cuando he aquí que siente un ruido espantoso en las habitaciones inmediatas. No por esto se asustó ni apartó la vista del libro, aunque acercándose el ruido se sentía en el aposento que ocupaba. 

Alza al fin la vista y ve que una como estatua gigantesca, que arrastraba largas cadenas, se le acerca, toma una silla y sin otro cumplimiento se sienta a su lado, fijándole sus tristísimos y torvos ojos. El estudiante, pagándole en la misma moneda, se volvió impávido a sus libros, dejando uno y tomando otro, según hacía a su intento, hasta que rompiendo el aparecido el silencio le dice: 

— ¿Qué buscas con tanto afán?
— Busco — respondió el estudiante — una ley que me hace falta para apoyar en ella mi dictamen, en un punto de derecho que he de sostener mañana.
— Muy bien — replicó el otro — pero también necesitas buenas razones, y éstas las hallarás en aquel autor, indicándole el Baldo.

Tocaron en esto a maitines y levantándose el aparecido se volvía arrastrando sus cadenas por el mismo camino que trajo; el estudiante entonces toma el candelero y se va en pos de él perdiéndole luego de vista, porque llegado a cierto paraje desapareció penetrando por la tierra. Impávido estudiante tomó otra luz y dejando la vela bendita en el puesto por donde penetró la sombra, se volvió tranquilo a su estudio, contando con que al día siguiente se podría hacer alguna indagación en el lugar señalado y encontrar algún indicio de la causa de la extraña aparición y del ruido. 

En efecto, participado el suceso a algunos compañeros, fueron al lugar donde dejó por señal el candelero y haciendo una excavación hallaron un cadáver. Lo extrajeron y con honrosas exequias lo sepultaron en la iglesia, haciendo además celebrar cierto número de misas por su descanso. No volvió a sentirse ruido alguno en el palacio, de lo que se infirió con toda evidencia que aquélla era un alma dueña de la casa que exigía los debidos sufragios, obtenidos los cuales, y pasando al eterno descanso, dejó también en paz a los moradores de ella.

Carlos Rosignoli SJ, Maravillas de Dios con las almas del purgatorio, 
Editorial Difusión, Buenos Aires 1945, pgs. 67-69.

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