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poniedziałek, 1 maja 2017

MUJER, HE AHÍ A TU HIJA

¿Cómo podríamos tomar parte en el Sacrificio, sin recordar e invocar a la Madre del Soberano Sacerdote y de la Víctima? Nuestra Señora ha participado muy íntimamente en el sacerdocio de su Hijo durante su vida terrestre para que no esté ligada para siempre al ejercicio de su sacerdocio. Como estaba presente en el Calvario, está presente en la Misa, que es una prolongación del Calvario. En la Cruz asistía a su Hijo ofreciéndose al Padre; en el altar, asiste a la Iglesia que se ofrece a sí misma con su Cabeza, cuyo sacrificio renueva. Ofrezcamos a Jesús por medio de nuestra Señora. 
(P. BERNADOT, La Virgen en mi vida, p. 233)

Leyendo un día Santa Matilde aquellas divinas palabras del Salvador moribundo a la Santísima Virgen: “Mujer, he ahí tu hijo”, se sintió inspirada para pedir al Hijo de Dios que se dignase concederla la misma gracia que a San Juan, por quien pronunció estas palabras en el Calvario, y le rogó que se dignase decir a la santísima Virgen: “Mujer, he ahí a tu hija”. 

No bien hubo terminado su súplica, cuando tuvo cumplido efecto, oyendo la Santa, clara y distintamente, que el adorable Redentor la recomendaba a la piedad de su Madre, en gracia de la sangre que había derramado y de la muerte que había sufrido por la salvación de esta hija, que era su esposa por los fervientes votos que le había dirigido. Matilde, inundada de gozo y llena de confianza por semejante recomendación, quiso hacer la misma súplica al Señor para cuantos la solicitaran, y el divino Salvador se dignó hacerla entender que nunca rehusaría esta gracia a los que con fervor se la pidieran. 

M. Menghi-D῾Arville, Anuario de María, 
o el verdadero siervo de la Virgen Santísima, Madrid 1866, pgs. 4-5.

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