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piątek, 19 maja 2017

SE INCLINÓ LA BALANZA AL LADO DE LAS BUENAS OBRAS

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! - Oh Señora, Intercesora, Mediadora, Consoladora nuestra, con tu Hijo reconcílianos, a tu Hijo encomiéndanos, a su cuidado déjanos. Amén.
Sub Tuum Praesidium, oración del III. siglo 

Madre de Dios del Escapulario,
iglesia del Cuerpo de Cristo,
Poznañ, Polonia
Si aun los que han procurado enmendarse con tiempo tiemblan en la hora de la muerte, ¿qué será de aquéllos que dejan la conversión para cuando llegue este terrible trance? 

Hubo un hombre llamado Jacobo, tan solícito de sus intereses temporales como remiso y descuidado en el negocio de la salvación. Lo peor era que a la avaricia juntaba los demás vicios que suelen acompañarla. Solo tenía una buena cualidad y era ser devoto de la Virgen, rezándole entre otras devociones su santo rosario todos los días. En uno de ellos, pues, entraba con este fin en su oratorio, y oye una voz que le dice: 

— Jacobo, pues que tú tomas cuentas a tus domésticos tan menudamente, dámelas ahora a mí y a mi Hijo.

No hizo gran caso de estas palabras, como sucede a todo el que anda dado a los vicios. Sin embargo, habiendo renovado el aviso la piadosa Madre, él entró dentro de sí, conoció que iba mal, examinó detenidamente su conciencia y hallándose muy alcanzado en deudas con Dios, mudó de conducta y arregló su vida con tal rectitud, que el que primero despreciaba como bagatelas aun los pecados gravísimos, andaba recatado después mirando y cumpliendo con toda perfección aun las cosas más mínimas y menudas, teniendo siempre en la memoria aquella amenaza del Señor: “Yo juzgaré hasta las mismas justicias”. 

Con tal disposición y tenor de vida caminó de allí adelante hasta la última hora; y entonces cercano ya a la cuenta, vio que se presentaban ante el tribunal divino muchos demonios acusándole de todos los pecados graves que había cometido en su vida, y alegando con gran instancia que el reo debía ser suyo por haber merecido el infierno muchas veces. El afligido moribundo temblaba, viendo el peligro en que estaba su salvación; pero en esto aparece la Madre de la misericordia y manda al arcángel san Miguel que ponga en un lado del peso las buenas obras que aquel hombre había hecho en honor suyo, y en otro lado los pecados de la vida pasada confesados ya. Lo hízo así el arcángel y por fortuna se inclinó la balanza al lado de las buenas obras; huyeron los demonios, fue absuelto el reo y le llevó al cielo consigo la amorosísima Virgen.

El mes de mayo consagrado a María, obsequio que a esta gran Reina tributa la piedad cristiana todos los años en la parroquial iglesia de Santa María del Mar de esta ciudad, Barcelona 1847, pgs. 125-127.

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