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piątek, 12 maja 2017

TÚ NO ESTABAS OBLIGADO A HONRARME NI YO A SOCORRERTE

No apartes los ojos del resplandor de esta estrella si quieres no ser destruido por las borrascas. 
(San Bernardo, Hom. sobre la Virgen Madre, 2)

¡Oh cuánto sirve un poco de tiempo bien empleado en honor de María! 

Dos jóvenes en un día de vacación fueron juntos al río Pó y se metieron en una barca. Uno de ellos dijo al compañero:

— Ahora que no tenemos qué hacer y nos hemos divertido bastante, recemos el Oficio de la Virgen según la regla de nuestra congregación.
— Ésta no obliga a pecado — respondió el compañero — quiero divertirme hoy que es día de asueto, no tengo gana de hacer oración.

Pero el otro no obstante se puso a rezarlo solo. Estando en esto, se turbó el aire y llegó una grande avenida: ellos poco prácticos en gobernar la barca, no pudieron resistir al ímpetu de las aguas ni tomar tierra. El bote dio una vuelta y ellos cayeron en el agua... 

Invocaron ambos a la Virgen y esta Señora inmediatamente acudió, tomó por la mano al que había rezado el Oficio y le sacó del peligro. Esperaba el otro compañero lo mismo, pero la Virgen vuelta a él le dijo: 

— Tú no estabas obligado a honrarme ni yo a socorrerte.

Oía y veía todo esto el compañero y dio gracias a la Virgen que le salvó la vida en premio del obsequio que le había hecho.

El mes de mayo consagrado a María, obsequio que a esta gran Reina tributa la piedad cristiana todos los años en la parroquial iglesia de Santa María del Mar de esta ciudad, Barcelona 1847, pgs. 31-32.

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