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czwartek, 4 maja 2017

UN SEÑORITO NOBLE EN LA PROVINCIA DE TOLEDO

Si todas las gracias que sobre vosotros derrama a manos llenas la Santísima Virgen no logran convertiros; si sois sordos a tantas voces y ciegos a tanta luz; si os obstináis en morir impenitentes... no lo dudéis: moriréis como réprobos.
San Claudio de la Colombiere

 Goya, San Francisco 
de Borja y el moribundo 
impenitente
Si Dios ahora no te ha castigado, debes atribuirlo a la intercesión de María; pero ¡infeliz de ti, si desde luego no tratas de enmendarte! 

Vivía un señorito noble en la provincia de Toledo encenegado en vicios, aunque conservaba algunas devociones a la Virgen. Cansado el Señor de sufrirle, estaba ya resuelto a castigar sus escándalos, y como en actitud de dar licencia a la muerte, para que le arrebatase repentinamente, según vio cierta persona de santa vida; pero vio también que interponiendo sus ruegos la sacratísima Virgen, le respondió su divino Hijo: 

“Por vuestro amor le concedo treinta días de término para hacer penitencia; pero si pasan sin haberse enmendado, se ejecutará indefectiblemente la sentencia.”

Esta persona piadosa, movida de caridad, descubrió la visión a un sacerdote para que avisase al caballero; le avisó al instante y con sus buenas razones logró que el caballero se confesase y le dejó resuelto a mudar de vida; pero en vano porque a poco volvió a recaer. Verdad es que acudió segunda vez al confesor, proponiendo corregir su mala costumbre; mas lejos de hacerlo así, se metió y encenegó en sus vicios peor que antes. Desde entonces huía del confesor y encontrándole acaso un día en la calle, con rostro airado y modo grosero le dijo: 

“Apartaos, padre, id a vuestros negocios, que conmigo nada tenéis que ver.” 

Llega en fin la noche en que se cumplían los treinta días: el joven no haciendo caso alguno de la amenaza del cielo, permanecía en su mal estado con más libertad que nunca; cuando a eso de media noche se siente el infeliz asaltado de agudísimos dolores: acuden a los gritos los que estaban cerca; corren a buscar confesor; llega; pero por más que hizo exhortándole a confiar en la protección de María Santísima, todo fue en balde y como quien da voces a una tapia; hasta que el miserable dando una voz espantosa dijo: “¡Ay que me han atravesado el corazón!” y al punto expiró. 

El mes de mayo consagrado a María, obsequio que a esta gran Reina tributa la piedad cristiana todos los años en la parroquial iglesia de Santa María del Mar de esta ciudad, Barcelona 1847, pgs. 42-44.

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